Los tiempos cambian y
también lo hacen las aulas, los alumnos, los profesores, las maneras
de enseñar... No existe una fórmula única que se adapte de manera
inequívoca a cada individuo, a cada manera de pensar y aprender
pero, lo que parece quedar claro es que, usar siempre las mismas
estrategias, no funciona. Ni funciona ahora ni lo hacía antes
probablemente.
Para muestra, este capítulo de Mafalda en el que la reivindicativa niña se rebela contra un sistema tradicional que le impide expresarse tal y como ella siente:
La metodología
tradicional resulta cómoda tanto para el profesor como para el
alumno: el primero se siente seguro, controlador del proceso; al
segundo no se le exige más que reproducir de forma correcta, y
frente al formato “prueba”, toda la información recogida (de
forma meramente pasiva) por el profesor (transmisor de la
información).
Sin embargo, a la larga
produce falta de motivación (en ambos), desinterés, apatía..., que
acaba desencadenando en frustración y fracaso académico.
Mencionando algunas de
las ideas señaladas en el material de consulta, son evidentes las
ventajas de la metodología basada en proyectos:

Frente a la
metodología tradicional en la que como hemos dicho el alumno tiene
un papel principalmente pasivo y muy dirigido, con el ABP permite
que el alumno tome las riendas de su aprendizaje: Se fomenta así
su autonomía, su responsabilidad, la toma de decisiones propias.
Esto supone además la mejora de la satisfacción con el propio
aprendizaje.
La tarea final a
realizar es fruto de un acuerdo previo, por lo que la motivación de
partida es mucho mayor (no es lo mismo hacer las cosas porque uno
quiere hacerlas que porque tenemos que hacerlas)
Las tareas
planteadas suponen reto intelectual mayor que las habituales en la
metodología tradicional. Con esta última, la práctica suele
limitarse a la repetición de actividades que están
descontextualizadas de un modo mecánico y acrítico. Las tareas
propuestas en un proyecto son más abiertas y creativas (debates,
lecturas, investigación, presentaciones orales, etc.) y están
relacionadas con situaciones reales. Todo ello preparará al alumno
para afrontar de mejor manera las que afrontará en un futuro.
Favorece pensamiento
crítico frente al memorístico, reiteración, de corta duración y
acrítico (el alumno debe cuestionarse, reflexionar, buscar vías
diferentes de investigación, indagar)
Mejora la capacidad
para el trabajo en equipo. El enfoque tradicional supone un “yo me
lo guiso y yo me lo como” (no hay intercambio de ideas, el
aprendizaje se empobrece). La discusión de diferentes puntos de
vista permite la flexibilidad de posturas, el respeto hacia las que
son ajenas, en enriquecimiento del proceso de aprendizaje.
Cabe señalar también
algunos inconvenientes o dificultades:
El ABP supone un
cambio profundo en los roles ya asentados tanto para el profesor
como para el alumno. El profesor pasa de ser el centro del proceso a
ser un mero guía y, el alumno toma un papel primordial (ambos
pueden mostrar reticencias iniciales, pues se sienten cómodos y les
cuesta salir de su zona de confort)
En algunos casos
puede ser difícil compatibilizar este tipo de metodología con el
modo y ritmo de trabajo que se suele llevar a cabo en los
departamentos (cumplir con la temporalización, usar métodos
uniformes de evaluación, etc.)
Además, supone una
carga de trabajo importante para el docente pues, hoy por hoy no se
dispone de un material que se adapte del todo a nuestras
necesidades, por lo que es necesaria la elaboración del mismo.
En mi materia en
particular (matemáticas), encuentro complejo incluir en los
proyectos tares o actividades que permitan al alumno afianzar los
conceptos sin que resulte algo poco natural o forzado. Si estamos
estudiando fracciones, por ejemplo, el alumno puede trabajar con
situaciones cotidianas donde debe operar con ellas. Suelen ser
cuestiones sencillas pues, en la vida cotidiana es habitual que se
den así. Sin embargo, en la mayoría de los casos el alumnado
necesita una práctica individual extra para conseguir una fluidez
de cálculo que, de llevarse a cabo durante el proceso lo frena y
que, de desarrollarse más tarde, da lugar a una desconexión que el
alumno no entiende, y que hace que de algún modo se desvirtúe el
sentido del proyecto. Es una de las mayores dificultades con las que
me encuentro.
En mi opinión la
metodología del docente debe de promover la autonomía, el
aprendizaje crítico, la reflexión, la responsabilidad... Esto se
consigue en gran medida a través del aprendizaje ABP, por lo que
interesa mucho aprender más sobre su puesta en práctica. Esto no
significa que haya que desterrar por el completo otras estrategias
más tradicionales que pueden servir y complementar nuestro trabajo.